Matador

Diego Montes (Nacho Martínez) es un torero retirado por una cornada prematura, que cambió los toros por las mujeres. Después de compartir los placeres del amor junto a ellas, matarlas es su única forma de revivir la intensa emoción de las faenas, las tardes de sol y las estocadas…
María Cardenal (Assumpta Serna) es una abogada criminalista que admira secretamente el arte del matador. En el momento culminante del amor ella mata a sus compañeros, rememorando con sus crímenes el mítico ritual de la tauromaquia…Ambos, cómplices solitarios sumergidos en un mundo opuesto a sus naturalezas, habrán de encontrarse, y nadie, ni ellos mismos, podrá evitar lo inevitable.
Con Matador, el director manchego inicia un cine que busca grandes historias de amor, que busca un romanticismo desaforado, alejándose de la frivolidad de sus primeros filmes. Almodóvar regresa a los grandes sentimientos y ancla su cine en las emociones, rozando, en ocasiones, el más absoluto de los ridículos pero saliendo generalmente airoso del trance.
Con Matador, el director manchego inicia un cine que busca grandes historias de amor, que busca un romanticismo desaforado, alejándose de la frivolidad de sus primeros filmes. Almodóvar regresa a los grandes sentimientos y ancla su cine en las emociones, rozando, en ocasiones, el más absoluto de los ridículos pero saliendo generalmente airoso del trance.
Como sucederá con cierta reincidencia en sus siguientes películas, los personajes de Matador están marcados por la fatalidad, situándolos Almodóvar al borde del precipicio de la tragedia. El mayor de los problemas radica en que, en ocasiones, estos personajes no parecen estar insuflados de vida propia sino que se asemejan más a meras marionetas movidas por la mano del destino, como si fueran zombies guiados por la estimulación de un final predeterminado.


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